La tarea de rescatar los saberes ancestrales

A través del programa “Sembrando nuestros saberes” —ejecutado en el Magdalena, Cauca, Vichada y Guainía—, las personas están redescubriendo sus tradiciones y fortaleciendo lazos entre adultos y chicos.

“Para nosotros es muy importante este espacio. Sin darnos cuenta se estaba perdiendo nuestra cultura, pero hoy está en nuestras manos rescatarla y pasarla de generación en generación”. Estas son las palabras de Óscar José Manco quien es autoridad (cabildo) del Resguardo Issa Oristunna, que se dedica a la talla en madera y a enseñar a los más jóvenes de su entorno las tradiciones que aprendió de los mayores. Su objetivo es no olvidar de dónde vienen y aportar desde sus conocimientos en la construcción de una mejor sociedad.

¿Pero qué tienen que ver la cultura y el patrimonio material en este proceso? Todo. “Nosotros dejamos a un lado nuestra esencia, y no teníamos ni idea de la riqueza que nos dejaron nuestros antepasados. Estábamos perdiendo las raíces, pero eso ha cambiado porque nos están ayudando a redescubrir lo que somos y tenemos”, señala Shirly Tatiana Neira, artesana del asentamiento Nara Kajmanta, quien desde hace un año y medio hace parte del programa “Sembrando nuestros saberes”, liderado por el British Council y cuyo objetivo es mejorar vidas mediante modelos que promueven la inclusión y la sostenibilidad de las comunidades indígenas.

“Sembrando nuestros saberes” es un programa piloto que dura tres años y se ejecuta en Kenia, Vietnam y Colombia, tres países en los que se exploran diferentes formas en que el patrimonio cultural puede mejorar vidas mediante modelos que promueven la inclusión y la sostenibilidad de las comunidades con las que trabajan.

El programa nació a partir del informe “Patrimonio cultural para el crecimiento incluyente” (British Council, 2017) y se implementa en cada uno de los países teniendo en cuenta su contexto particular. “Nuestro enfoque es fortalecer el patrimonio cultural material e inmaterial. Para ello trabajamos con mujeres y hombres de varias comunidades para que rescaten sus saberes”, dice Patricia Navas, líder del programa “Sembrando nuestros saberes”.

Las estrategias se enfocan en el fortalecimiento del patrimonio cultural de manera integral (natural, inmaterial y material), promoción de la economía creativa, diseño de planes de turismo sostenible y estrategia de aliados y socios. “De una manera conjunta identificamos las necesidades que teníamos en la comunidad y así podemos trabajar en áreas particulares para rescatar nuestros saberes”, explica Martha Cecilia Jiménez, quien se dedica a la tejeduría y música tradicional.

Por ejemplo, en el asentamiento Nara Kajmanta se identificó que se estaban perdiendo el arte de la tejeduría en algodón, los cantos y la medicina tradicional. Al tener claro lo que se estaba perdiendo, desarrollaron una dinámica en la que mujeres y hombres, de todas las edades, en especial los mayores, que tienen un alto conocimiento, se sentaran a compartir su riqueza cultural.

 

Con talleres y diálogos se han logrado recuperar diferentes técnicas y costumbres de las comunidades. “En mi caso, soy una artesana joven. Con el programa recuperamos diseños como el uso de las flechas en nuestros tejidos. Las flechas significan seguridad del pueblo. Además, hemos aprendido a bailar mejor nuestra música”, recalca Esther Mendoza Carmona, del asentamiento Nara Kajmanta. Con la alegría que la caracteriza, ella destaca que lo más gratificante en este año y medio es poder ver que niños de cuatro años ya han aprendido la técnica de la tejeduría, que se apropian de sus cantos y tradiciones. Sus creaciones ya están en Expoartesanías y que el trabajo que se ha realizado ya da sus frutos. Pues todos los jueves, sábados y domingos, durante tres horas en cada taller, pudieron reconectarse con sus ancestros y valorar la riqueza de su cultura.

Pero este conocimiento y redescubrimiento no es solo para ellos. Ahora el reto es transmitirlo a niños y jóvenes para que se empoderen y puedan vivir y disfrutar su cultura. Además, ha sido un programa que les ha permitido intercambiar saberes con otras comunidades indígenas. Juan Antonio Sánchez Jiménez, del Resguardo Issa Oristunna, insiste en que “en la diferencia, el respeto y la oportunidad de expresar lo que somos se puede ser reconocido en el país y aportar a la construcción de mejores sociedades”.

El piloto termina en marzo del 2020. El objetivo es que sea sostenible y se puedan definir estrategias en cada una de las comunidades indígenas para acompañarlos en el desarrollo social.

Hasta el momento los logros son claros: “Pudimos empoderarnos, reconocer el valor de las personas mayores y trazar ese camino para no dejar perder nuestras raíces. Es una  oportunidad que agradecemos y vamos a seguir adelante”, concluye Juan Antonio Sánchez Jiménez. 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *